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noviembre/diciembre:

  • Aprendí que mi programa tiene prioridad

Sobre La Viña

Vol. 14 No. 3

Aprendí que mi programa tiene prioridad


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Voy a cumplir dos años en AA. Al principio, no quería aceptar que era alcohólica. Un día que estaba bien cruda, le pedí a mi mamá que me buscara ayuda. Tuve una cita en un café con una muchacha y ella me llevó a mi primera junta. En este grupo, la junta era acerca del Primer Paso. Al escuchar las historias de la gente, pensé: ¡Dios mío, ésa soy yo!

Empecé a asistir a las reuniones una vez a la semana. Luego encontré, en otro pueblo, un grupo de mujeres al que podía ir hasta tres veces a la semana.

Me sugirieron ir a noventa juntas en noventa días y esto me cambió la vida. Antes tomaba durante todo el fin de semana. Si mi esposo me llamaba al celular y yo no le contestaba, él ya sabía que estaba en la cantina.

Bebía peor que un hombre; podía beber junto a un hombre, dejarlo tirado y seguir tomando. Regresaba tomada a la casa y me levantaba el sábado para continuar bebiendo. Ahora nada más me dedico a mi programa y todo es diferente.

Empecé a tomar a los trece años y, aunque sentía que era un problema, no me detuve hasta los treinta y dos años, cuando llegué a los grupos. Al final, cuando me empezaba a temblar el cuerpo durante una cruda, pensaba que era simplemente porque tenía frío; ahora sé que lo que quería mi cuerpo era más alcohol.

Cuando me uní a AA, iba a todas las reuniones, sin importarme si eran sólo de mujeres o mixtas. ¡Estaba tan mal! Recuerdo cómo hablaba en las juntas; estaba como loca.

Lo que quería era que me ayudaran. En cuanto comencé el programa sentí que cambiaba; eran muy desconcertantes todas las emociones que sentía. Me preguntaba: ¿Qué me está pasando? En el pasado, cuando sentía algo así, tomaba y la desesperación se iba, pero ahora ya no tenía nada con qué tapar lo que estaba sintiendo; todo lo que tenía guardado estaba saliendo. Busqué ayuda en mi grupo y con mi madrina; ésta ha sido una experiencia única.

Mi pareja me pedía que buscara ayuda cuando estaba tomando; me decía que tenía problemas y yo le contestaba que estaba loco, ¡que quien necesitaba ayuda era él!

Tenemos quince años juntos y qué fue lo que no me aguantó; en una borrachera, le llegué a acuchillar; por fortuna no lo denunció. Le di mala vida, pues era una mujer muy violenta y no me importaba que la gente me viera tomando en las cantinas.

Mi hijo tenía casi once años cuando entré al programa y recaí en las primeras semanas. él notó que estaba tomada y me dijo que no le gustaba cómo me comportaba y que dejara de beber por él, si no lo podía hacer por mí. Me sentí de lo peor; quería estar enterrada.

Al día siguiente, hablé con mi madrina. Histérica, le conté que había recaído y lo avergonzada que me sentía. Ella me dijo: “Ya lo hiciste, no mires para atrás, comienza desde ahora. Recaíste y esto no puedes cambiarlo; lo que sí puedes hacer es ir a una junta de inmediato”. Esto me ayudó mucho, me dio ánimos para seguir adelante y no fallarle a mis hijos. Hoy están contentos, me ven leer y rezar; ellos hacen lo mismo sin que yo les diga nada. A veces pienso que si hubiera seguido tomando, probablemente eso hubiera sido lo único que habrían aprendido de mí. Me da tanto gusto, me siento tan agradecida de haber tenido la oportunidad de cambiar.

Dios ya había intentado ayudarme a conocer a AA en dos ocasiones. La primera vez que supe de nuestro programa, fue porque una mujer me dio un folleto cuando yo estaba detenida en un tribunal; leí el encabezado y lo tiré a la basura. La segunda vez, fue gracias a una compañera de trabajo que me daba un aventón para el trabajo y obviamente me veía cruda. Ella me decía: “Te invito a que vayamos a una junta de AA, pues eso te puede ayudar”. Yo no sabía que ella era miembro de nuestros grupos; pensé que estaba loca. ¡A quién se le ocurre que yo dejara de beber! No lo entendí en ese momento y luego cambié de trabajo. Cómo me gustaría decirle hoy que ya estoy en el programa.

Hoy en día mi esposo y yo sabemos que Dios y mi programa tienen prioridad, porque si no, yo no funciono en mi casa ni con mis hijos.

Antes de ingresar al programa, tenía problemas con la policía, con los niños, en la escuela. Hoy todo es muy diferente; ahora puedo hablar con mis hijos y corregirlos. Es un cambio muy bonito y sigo en el programa porque quiero todavía más y más.

Siempre me ofrezco para prestar servicio; mi madrina me anima a hacerlo. Hago todo lo que puedo; voy a las ciudades de los alrededores buscando el apoyo de las mujeres hispanas para las reuniones en español. También participo en las actividades de mi grupo, voy a reuniones de DIU a platicar mi historia, a pasar el mensaje, a decirles que hay ayuda aquí en AA.

Yo no sabía que podía ser tan feliz y estar tranquila sin alcohol. Intenté dejar de beber sola y lo hice en cuaresma, pero a los cuarenta días estaba ansiosa por empezar a beber. Ahora sé que tengo una vida mil veces mejor que la que tenía antes. Todavía tengo mucho que trabajar con mis defectos de carácter, pero ahora los puedo reconocer. Sigo reparando daños con mi esposo y mi suegra; su acogida y comprensión me han dejado sorprendida y agradecida de tenerlos en mi vida.

Carolina T., Bartlett, Illinois

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